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El arte de apreciar un buen caldo

vino

España puede presumir y sacar pecho de ser uno de los viñedos más extensos y de mayor calidad a nivel mundial. La tradición en su elaboración y los distintos tipos de uva la sitúan como referente en el mundo de los caldos.

Para disfrutar de tan preciados vinos, numerosas bodegas realizan catas en las que enseñan a los más curiosos cómo disfrutar gracias a nuestros sentidos de un buen vino. El mundo de la cata es más un arte que una ciencia, puesto que a cada persona puede gustar más o menos. Para empezar una cata debemos tener despiertos varios de nuestros sentidos, el del olfato, el del gusto y el visual.

En el análisis visual, debemos valorar aspectos como su color, la transparencia o incluso el brillo del vino. Nuestra nariz entrará en juego para valorar sus aromas frutales, florales, tostados e incluso especiados. Las sensaciones en boca pueden ser de acidez, de astringencia dada por los taninos, valoraremos también su cuerpo y su equilibro. Una vez comentados por encima aspectos esenciales en una cata, vamos a analizar en profundidad cada uno de ellos

En cuanto al análisis visual, lo primero que debemos fijarnos cuando descorchemos una botella es en el corcho, el cual deberá estar ligeramente humedecido como muestra de que la botella ha estado correctamente almacenada de forma horizontal, esta humedad nos

 

deberá facilitar un ligero aroma envinado. Una vez realizado este pequeño análisis del corcho, procedemos a verter el líquido sobre una copa de cristal translúcido con una boca más estrecha que su cuerpo, siempre llenando un tercio de dicho recipiente. Para empezar, debemos inclinar nuestra copa hacia delante sobre el mantel blanco, de manera que apreciemos la intensidad y los matices del caldo. Si se trata de un vino joven el color será violáceo, adquiriendo tonos cobrizos contra más años tenga el morapio. Al agitar la copa con suavidad podemos observar unas lágrimas que se derraman por las paredes de la copa, éstas serán muestra de la glicerina y del alto contenido alcohólico del caldo.

Una vez detallados todos los aspectos visuales pasamos a potenciar nuestro sentido del olfato. Para empezar, aproximamos nuestra nariz a la copa para detectar que no percibimos ningún aroma que de muestras de que el vino se encuentra en mal estado. Sostenemos la copa por su pie y comenzamos a agitarla suavemente formando círculos en el aire, de esta manera ayudamos a que los aromas se aireen y nos permita reconocer los olores distintos que nos ofrece el caldo. Esta primera sensación se traduce en intensidad aromática, pudiendo ser neutra, abierta, expresiva o intensa. Una vez realizado este

 

primer análisis de aromas, se procede al último y más importante de los puntos, la identificación de los matices aromáticos. Estos aromas suelen estar clasificados en tres puntos:

  • Aromas varietales: Predominan los aromas frutales, vegetales, florales e incluso minerales.
  • Aromas secundarios: Procedentes de las levaduras, aromas florales, frutales, especiados y vegetales.
  • Aromas de crianza: La gama aromática se expande hasta el punto de poder percibir aromas a miel, a madera a café o a chocolate entre muchos otros distintos.

 

Analizados ya el aspecto visual y los aromas del caldo se procede a la última y más importante fase de la cata, la prueba gustativa. La temperatura más adecuada para degustarlo se sitúa en unos 16º para los caldos tintos.

Para saborear el vino en boca, debemos beber una cantidad pequeña del mismo, lo deberemos mantener unos segundos en la boca y a continuación removerlo.

En este punto, uno de los músculos más importantes del ser humano entra en acción, ese no es otro que nuestra lengua y sus papilas gustativas. Con el caldo ya en boca, la lengua va a detectar las sensaciones dulces, ácidas y amargadas que nos transmite el vino. Con la punta detectamos los matices más dulces, alrededor del músculo se encuentran las papilas que detectan los sabores ácidos y en la parte posterior detectaremos los sabores más amargos. Estos sabores más ásperos nos los trasmite los taninos procedentes de la parte más sólida del racimo o incluso de la madera procedente de las barricas donde se conservan los vinos. Este sabor nos dejará la lengua un tanto rasposa. Por último, tragamos el líquido y apreciamos como todos los aromas y diferentes sabores persisten en nuestra boca.

Una vez dominados los aspectos más básicos a realizar en el proceso de la cata, podemos ser unos perfectos anfitriones y organizar con nuestros amigos unas interesantes veladas que nos hagan disfrutar todavía más de los vinos de excelente calidad elaborados en nuestro país.

 

A.Celma